La alianza española que pretende revolucionar la inspección y el mantenimiento en entornos industriales extremos

Sisteplant y el Centro de Automática y Robótica (CAR) del CSIC comienzan la fase de pruebas de R-Bot, el software de la compañía que automatiza las tareas de inspección, mantenimiento y seguridad en contextos operativos complejos.

 

La transferencia real de conocimiento ha sido siempre el talón de Aquiles del sector tecnológico en todo el mundo. Es decir, cerrar el círculo que va desde que se origina una idea hasta que pasa por el laboratorio y tiene una aplicación real para sociedades y empresas.

Pero este que sigue es un ejemplo -además con sabor local- de cómo tratar de completar los pasos en tiempo y forma para permitir al sector industrial reducir, a partir del año que viene, hasta un 50% los costes de inspección, un 25% las paradas no planificadas y recortar en un 90% las intervenciones humanas en zonas de riesgo.

Estos son los datos que maneja la compañía española Sisteplant, que acaba de aterrizar su sistema operativo R-Bot para integrar y gestionar flotas de dispositivos autónomos heterogéneos -desde robots cuadrúpedos a drones, cámaras y sensores- y automatizar las tareas de inspección, mantenimiento, operación, vigilancia y seguridad.

Todo un ecosistema que ya está poniendo a prueba en las instalaciones del Centro de Automática y Robótica (CAR), organismo dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), donde enfrenta la solución a las condiciones más extremas en materia de terreno y conectividad para continuar con el desarrollo de sus funcionalidades durante los próximos 12 meses.

Desde la multinacional, especializada en ingeniería industrial desde hace más de 40 años y que destina más del 20% de sus ingresos a actividades de I+D, creen que este software está destinado a revolucionar el paradigma europeo de lo que conocemos como ‘Industria 5.0’.

También estiman que la colaboración público-privada, traducida al acuerdo con el CAR, es el mejor camino para lanzar al mercado una herramienta eficiente e innovadora para la cual pretenden que cope cerca del 20% de su facturación anual para el ejercicio 2030.

“Todo nace de preguntarnos qué más podíamos aportar en el campo del mantenimiento que nos hiciese diferenciales”, dice David López, vicepresidente de investigación, desarrollo y operaciones de Sisteplant, a DISRUPTORES – EL ESPAÑOL en una videollamada que ha reunido a todos los protagonistas de la cadena de valor en torno a R-Bot.

De este modo, explica Lluís Llauradó, product manager de R-Bot en la compañía, la solución integra los distintos dispositivos móviles o fijos con su software para que “las operaciones y las gestiones que se realizan en estos entornos cambiantes las puedan realizar los equipos robóticos”.

“Entonces, la tecnología devuelve los datos que ha recogido la tecnología y la convierte en avisos para que los departamentos humanos puedan saber lo que está pasando y tomar decisiones”, añade. Estos avisos pueden ir desde un posible escape de agua hasta inconvenientes mucho más graves. “Los dispositivos se convierten en nuestros ojos”, refiere.

Para hacer este sistema realidad, Sisteplant se ha aliado con varios de los principales fabricantes nacionales y mundiales de la robótica actual.

La aportación del CAR

Dentro de este desarrollo es donde se enmarca el acuerdo con el CAR para probar la funcionalidad y capacidades de R-Bot en los próximos 12 meses. A su vez, forma parte del European Digital Innovation 2.0, una iniciativa de la Comisión Europea (CE) en la que Madrid tiene una importante participación a través de la Fundación madr+d.

“Nosotros ya teníamos experiencia en el avance de tecnología y robótica en contextos de agricultura”, subraya Ángela Ribeiro, profesora de investigación en el CAR-CSIC. “Cuando hablamos de entornos extremos, lo hacemos de condiciones de mucha incertidumbre donde solo se puede tener una información aproximada de lo que te vas a encontrar”.

Varios miembros de los equipos de Sisteplant y el CAR-CSIC destinados al proyecto R-Bot. Sisteplant

Por ejemplo, sugiere que en ese tipo de zonas puede haber animales y otros seres vivos ante los cuales necesitas dotarte de sensórica y, sobre todo, “hay que tener una respuesta en tiempo real ante posibles eventos”.
Por otra parte, prosigue, es posible que falle la conectividad en según qué determinados lugares, por lo que hay que comprobar cómo responde el robot en estas situaciones y cómo trabajar con aplicaciones que se ejecutan en el extremo (edge computing) o en la nube reaccionando a pérdidas eventuales de conexión.

Además de la experiencia en el terreno, el CAR también cuenta con unas instalaciones en Arganda del Rey -incluso con campos de cultivo- para realizar simulaciones “extremas y complejas” en la que ver las limitaciones que puedan llegar a tener estos robots.

En definitiva, explican los expertos, se trata de una actividad de prueba y validación: ejecutar tareas de recuperación de conectividad, tanto de entornos de sensores como de GPS y localizaciones y buscar todo tipo de respuesta en zonas desconocidas.

Un ejemplo de transferencia real

El CAR evaluará unas 23 funcionalidades de R-BOT y dedicará unas 100.000 horas de ingeniería. Todo ello con la ambición y la “firme decisión” de hacer transferencia real, de “crear aplicaciones que funcionen en el corto plazo y aporten beneficios”.

La experta fue vicepresidenta adjunta del departamento de transferencia de conocimiento en el CSIC durante tres años, y puede afirmar que, a pesar de lo que dicen algunos rankings, que posicionan a España y a sus pymes a la cola de la innovación, “sí que hacemos una muy buena investigación”.

“La cuestión es cómo fomentar este tipo de colaboraciones, que las empresas sepan que tienen la ayuda del CSIC y de las universidades a través de este tipo de programas y que nosotros podamos llegar a ellas”.

De hecho, para Sisteplant el acuerdo puede ir asociado a la captación de talento técnico con la participación también de la UPM, que cuenta con un programa doctorado en automatización y robótica. “Vamos más allá de las pruebas funcionales”, sentencia López.

Más en una actividad focalizada en la ‘Industria 5.0’ y focalizada en hacer que las personas no tomen riesgos en ambientes considerados peligrosos, con altas temperaturas, ambientes explosivos o condiciones biológicas inadecuadas.

“Siempre vemos este tipo de herramientas como una ayuda para aumentar las capacidades de los operarios”. Es decir, el trabajo peligroso debe hacerlo la máquina y “a partir de ahí las personas cuentan con una información detallada para aplicar su conocimiento, su experiencia y su inteligencia”, concluye.

Fuente: El Español

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