El año de las decisiones estratégicas para la industria

El 2026 se perfila como un año clave para la industria. No bastará con seguir la inercia: será imprescindible diseñar hojas de ruta equilibradas que permitan armonizar tres frentes críticos. Por un lado, la incorporación ágil de tecnología en los procesos productivos; por otro, la adaptación a los exigentes requisitos de sostenibilidad; y, como telón de fondo, la escasez de vocaciones industriales que obliga a potenciar y desarrollar el talento interno.

Los retos son múltiples y complejos. Reducir la brecha tecnológica y digital entre grandes corporaciones y Pymes exigirá políticas claras e incentivos eficaces. Al mismo tiempo, urge reforzar las cadenas de suministro, apostando por una industria más cercana y menos dependiente de factores externos. La estabilidad industrial es una clara condición para competir.

En este escenario, la internacionalización seguirá siendo clave. Abrir mercados exteriores y, en algunos sectores, apostar por la implantación local será vital para mantener márgenes razonables. Pero no bastará con vender más: habrá que trabajar con rigor la excelencia operacional, optimizando procesos para sobrevivir en un entorno global cada vez más volátil.

La tecnología será protagonista. La inteligencia artificial dejará de ser una promesa para convertirse en un actor fiable, aunque inicialmente en procesos de bajo riesgo. Los modelos predictivos evolucionarán hasta convertirse en herramientas estratégicas para la toma de decisiones. La pregunta no es si llegará, sino cómo y cuándo se integrará sin fricciones.

En definitiva, la capacidad de reacción y adaptación marcará la diferencia. Las empresas que sepan anticiparse, innovar y formar a sus equipos serán las que lideren la transformación. Las demás, simplemente, quedarán atrás.

Ana Santiago, CEO de Sisteplant en EE UU, en El Correo
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